Comunicación interna

Aunque afortunadamente muchas empresas han comprendido ya el valor estratégico de la comunicación en general, así como la enorme capacidad de sus profesionales para ayudar al logro de los objetivos de las compañías, no resulta tan halagüeño el estatus de la comunicación interna, que sigue siendo el patito feo o incluso un concepto ignoto en muchas entidades.

Decía el gran Gustav Mahler que “no hay más que una educación, y es el ejemplo”, una premisa antigua como el mundo que nos recuerda que un precepto vale lo que vale la coherencia de quien lo establece.

GUSTAV+MAHLER+-+002

Aunque afortunadamente muchas empresas han comprendido ya el valor estratégico de la comunicación en general, así como la enorme capacidad de sus profesionales para ayudar al logro de los objetivos de las compañías, no resulta tan halagüeño el estatus de la comunicación interna, que sigue siendo el patito feo o incluso un concepto ignoto en muchas entidades, algo escandaloso (y no poco frecuente, por cierto) cuando su omisión se produce en empresas que se dedican precisamente a la comunicación. Como sabiamente recomienda un proverbio oriental, antes de cambiar el mundo hay que dar unas cuantas vueltas por la propia casa.

El primer gran error –y el más grave– en la gestión de la comunicación interna es su inexistencia. Algo todavía muy habitual y que puede originar graves problemas: muchas veces se traduce en pérdida de tiempo, recursos y energía, cuando no en profundas crisis que afectan al desempeño o a la imagen de las empresas. Los humanos toleramos mal la falta de información y la incertidumbre, y tendemos a rellenar los huecos de lo que no sabemos con especulaciones, imaginación e inventiva. Y es aquí donde el rumor, la interpretación, la mentira y otros monstruos de la comunicación encuentran su mejor caldo de cultivo y hacen estragos. No pecaré de relativista asegurando que no hay buenas o malas noticias, buenas o malas políticas empresariales ni buena o mala información, pero lo que me parece seguro es que no hay peor información, instrucción o noticia que la que no llega.

La segunda equivocación que cometen sólo aquellos que ya conocen la existencia de la comunicación interna y aplican sus conceptos de uno u otro modo, es la falta de coherencia, la ausencia de armonía entre lo que se dice y lo que se hace. Cuando las personas que trabajan en una empresa comprenden que los valores que se proyectan de cara al exterior se parecen a lo que ocurre internamente como un huevo a una castaña, nuestra credibilidad y la confianza de nuestro primer y más importante público estará seriamente dañada. Por el contrario, la coherencia y el alineamiento de nuestros procedimientos y nuestra gestión interna con los valores y la imagen que ofrecemos de puertas para afuera convertirá a nuestros empleados en altavoces y embajadores de nuestra compañía. La responsabilidad de quienes dirigen una empresa y la confianza de sus subordinados resulta vital para lograr que aquellos bajo su mando comprendan que lo que se les transmite es realmente lo que la empresa dice ser y ‘vender’ al mundo. Sí, la alta dirección debe ser la primera en dar ejemplo e implicarse en las políticas de comunicación interna directamente.

De forma similar y profundamente relacionada, la falta de sinceridad es otro de los errores a la hora de conducir la comunicación interna. Algunas empresas creen que, de la noche a la mañana, convencerán a todo el mundo de sus buenas intenciones creando una fundación para dar de comer a niños africanos cuando las profesionales que trabajan para ellos ganan menos que los hombres y son penalizadas laboralmente si esperan un hijo. No se puede ser responsable socialmente o justo sólo a ratos o por secciones. La comunicación hoy día exige transparencia, flexibilidad, originalidad y vinculación emocional, pero por encima de todas las cosas, exige sinceridad y honestidad; una profunda y verdadera relación entre las acciones de una entidad y las convicciones y motivaciones de quienes la dirigen.

gente

Comunicar sin vincular emocionalmente a nuestros empleados tampoco suele dar buenos resultados, porque muchas veces nos enfocamos más en los canales y en las herramientas que en las propias personas a las que nos dirigimos. Vivimos en un mundo tecnológico y siempre habrá quién esté dispuesto a convencernos de que una intranet o una página en Facebook para nuestros empleados será la solución mágica que resolverá todos nuestros problemas de comunicación interna. Pero las herramientas son nada más y nada menos que eso, herramientas. Los reyes de ese microcosmos que es la comunicación interna son los destinatarios de ese trabajo, no una web privada llena de consignas. Olvidar que sus trabajadores son personas –y que tienen sus propias vidas, percepciones, problemas y gustos– es olvidar uno de los mandamientos de la comunicación con mayúsculas. Y olvidar que son profesionales y que su trabajo es muy importante para ellos también es un grave error: no sólo les interesa saber cuándo será la fiesta de Navidad, quieren conocer detalles sobre la estrategia, los objetivos, los logros y el destino de la compañía en la que se ganan la vida. En el diálogo está la clave. Todos los empleados tienen algo que aportar a la buena marcha de una empresa.

Por esa razón es importante escuchar más que hablar. Desaprovechar la maravillosa oportunidad que nos brinda saber lo que piensan, los problemas que encuentran y lo que creen que falla aquellos que son, en definitiva, quienes mejor conocen a nuestra empresa, es otro error de bulto. Nadie tiene todo el cuadro completo sobre lo que ocurre en una compañía, así que la cantidad de información y las señales de alarma que pueden proporcionarnos nuestros empleados son un auténtico tesoro en buenas manos.

Por último, en comunicación interna, como en todas las cosas, se hace necesario aplicar políticas rigurosas y tomárselo en serio si no se quiere perder tiempo, energía y dinero: hay que diagnosticar, planificar, segmentar y medir para que los resultados sean los mejores posibles y podamos apreciar cómo el progreso en este área se traduce en resultados tangibles de clima laboral, satisfacción de los empleados, productividad y eficiencia.

 

Olga Robles

Communication strategist

 

Foto gente: Shutterstock

Compartir post:
Tweet about this on TwitterShare on FacebookShare on LinkedInGoogle+Buffer this pageEmail to someone
Branward

Perfil Oficial de Branderstand

Posts relacionados

Posts destacados